El choque de dos exgobernadores

DEL REPORTERO

La breve precampaña de los aspirantes a gobernadores de Puebla dejó en claro que detrás de sus legítimas aspiraciones también están en juego los afanes e intereses políticos de los exmandatarios Mario Marín Torres y Rafael Moreno Valle.

Después de ser ambos compañeros de partido y llegar a acuerdos políticos en 2004, los que no se respetaron en 2006, dejaron a un lado el rol de adversarios hasta convertirse en enemigos, capaces de hacer lo que esté a su alcance para desaparecer de la escena política al otro.

El marinismo y el morenovallismo se enfrentan en 2018 y de su triunfo el uno de julio no sólo depende su presente sino su futuro, el de sus seguidores y por supuesto el del estado, que un día gobernaron.

Moreno Valle tiene candidata al gobierno de Puebla en la persona de Martha Erika Alonso Hidalgo y una fuerte coalición integrada por cinco partidos políticos, tres nacionales y dos locales, que respaldarán su proyecto estatal y se enfrentarán en los procesos municipales y distritales locales.

Juega en su contra un frente de facto que es antimorenovallista y al que se ha sumado con vehemencia Mario Marín.

Sus candidatos al gobierno son los viejos aliados de Moreno Valle, quienes asumen que no cumplió con sus acuerdos.

Por Morena, Miguel Barbosa Huerta, y por el PRI, Enrique Doger Guerrero, quienes van a competir hasta el último momento. No le extrañe a nadie que si hay una clara distancia entre segundo y tercer lugar, cualquiera de los dos está dispuestos a sumarse y promover el voto útil.

Su objetivo es que no permanezca el morenovallismo un sexenio más en Casa Puebla y por ello la campaña “antirreeleccionista” que, con matices, lanzaron ambos.

Ni Marín ni Moreno Valle en lo personal regresarán a un puesto político en el estado de Puebla, inconcebible que alguno de los dos busque en el futuro una presidencia municipal, pero en lo que coinciden es que el otro no prevalezca, porque de ello dependen sus proyectos personales.

Desde sus cuartos de guerra mueven sus piezas y participan personalmente en la estrategia de descalificaciones, en las que se han involucrado sus candidatos, y por supuesto están pensando en las jugadas, en la guerra sucia que atestiguaremos los poblanos en esta campaña electoral de 2018.

Hoy, esa es la Batalla por Puebla, es la lucha por el poder, están en juego además dos valores: el orgullo y el amor propio de quienes gobernaron el estado.

Moreno Valle va con todo y por todo; el frente antimorenovallista, con Marín integrado, también.

 

De las anécdotas que se cuentan

Mario Marín no quería por ningún motivo que Enrique Doger fuera candidato a la presidencia municipal de la capital en noviembre de 2004.

En sus afectos e intereses estaban Mario Montero, Valentín Meneses y Javier López Zavala, pensó incluso en Roberto Ruiz Esparza, jamás en el exrector de la BUAP.

Aquel día, el candidato a gobernador poblano llegó decidido a vetar a Doger ante el presidente nacional del PRI, Roberto Madrazo.

El tabasqueño lo escuchó detenidamente, no era la primera vez que Marín le presentaba esos argumentos.

Cuando el candidato terminó, el presidente nacional del tricolor aceptó.

—Mario, si así lo pides, Doger no será candidato —le dijo seguro de que sus palabras eran bien interpretadas.

El poblano sonrió, después de la pausa escuchó la única condición para aceptar su demanda.

—Enrique no será candidato a presidente municipal… pero tú tampoco candidato al gobierno de Puebla. Preséntame tu renuncia —le ordenó mientras lo miraba fijamente a los ojos.

El exrector fue candidato, ganó las elecciones y después edil a pesar del gobernador.

Doce años después Marín y Doger van aliados, un exgobernador poblano los cohesiona.

 

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